Una brecha de silencio nos separa
yo estoy de un lado y vos del otro
no puedo verte ni oírte —pero sé que estás—
suelo llamarte con un nombre infantil
y simulo que el eco de mi grito es tu voz.
Cómo podemos cruzar la brecha— con una palabra o una caricia, nunca.
Una vez pensé que íbamos a llenarla con nuestras lágrimas
Ahora la quiero derrumbar con nuestra risa.
Katherine Mansfield
Traducción de Sandra Toro
Éste blog lleva las impresiones de lo sentido, lo fotografiado o filmado, con el fin de ir abriéndolo de vez en cuando, para recordar cómo he ido rindiéndome al Gran Sí de la existencia.
domingo, 26 de julio de 2015
Combinación
Usted, me combina con casi todo. Sus ojos café con leche con mi mirada de medialunas de manteca.
Las otras entran apelmazadas. Siempre vienen en talles europeos: Croissants que le dicen...voileau!
El talle de sus pestañas cabe en los bolsillos de esa camisa. Y llevo dos, por las dudas: por si se me cae una lágrima cuando la extraño y necesito abanicarme de sus teamotanto. Y cuando pasa, me combina la nostalgia de sus murmullos cercanos con esas fotos viejas de la infancia entre pìscis con ascendente en el conurbano sur.
Usted me combina con casi todo. El talle de sus brazos perfectos, está hecho por el molde
de un sastre viejo.
Y el tamaño de su boca de mermelada de naranjas, calza mucho mejor en las tardes nubladas, que en los sueños entrecortados de mis pesadillas de tostadas quemadas, humeando sobre la hoguera de la santa inquisición. Amén.
A usted de lo digo. Sí, sí: a usted...
Silvana Trotta
Las otras entran apelmazadas. Siempre vienen en talles europeos: Croissants que le dicen...voileau!
El talle de sus pestañas cabe en los bolsillos de esa camisa. Y llevo dos, por las dudas: por si se me cae una lágrima cuando la extraño y necesito abanicarme de sus teamotanto. Y cuando pasa, me combina la nostalgia de sus murmullos cercanos con esas fotos viejas de la infancia entre pìscis con ascendente en el conurbano sur.
Usted me combina con casi todo. El talle de sus brazos perfectos, está hecho por el molde
de un sastre viejo.
Y el tamaño de su boca de mermelada de naranjas, calza mucho mejor en las tardes nubladas, que en los sueños entrecortados de mis pesadillas de tostadas quemadas, humeando sobre la hoguera de la santa inquisición. Amén.
A usted de lo digo. Sí, sí: a usted...
Silvana Trotta
domingo, 11 de enero de 2015
M. E. Walsh
Piénsame como en la fotografía:
con mi perfil rondando tu apellido.
Brizna desmemoriada que ha crecido
al lado de tu voz, amiga mía.
con mi perfil rondando tu apellido.
Brizna desmemoriada que ha crecido
al lado de tu voz, amiga mía.
Yo soy aquella fiebre de papeles
que por los corredores de la escuela
admiraba tu mundo de acuarela
y la política de tus pinceles.
que por los corredores de la escuela
admiraba tu mundo de acuarela
y la política de tus pinceles.
Soy el antaño de tus mediodías
y aquel afán donde te reconoces;
quien buscaba tu voz entre las voces
y quien tanto lloró porque sufrías.
y aquel afán donde te reconoces;
quien buscaba tu voz entre las voces
y quien tanto lloró porque sufrías.
Mi corazón en todo te comprende
—desde su cerradura o con su llave—
pero perdónalo porque no sabe
en dónde acabas tú y empieza el duende.
—desde su cerradura o con su llave—
pero perdónalo porque no sabe
en dónde acabas tú y empieza el duende.
Digo que eres sostén y nervadura
de esta riqueza que no llamo mía
porque eres la verdad de mi alegría,
porque estoy reclinada en tu dulzura.
de esta riqueza que no llamo mía
porque eres la verdad de mi alegría,
porque estoy reclinada en tu dulzura.
No encuentro nada venturoso y nuevo
que presida el candor de mi confianza;
alargaré en tu nombre la esperanza
hasta pagarte lo que no te debo.
que presida el candor de mi confianza;
alargaré en tu nombre la esperanza
hasta pagarte lo que no te debo.
En la ciudad de mi palabra fría
ardiendo está tu ausencia o tu latido.
Mucho antes de partir me habré perdido
sin tu mano en mi mano, amiga mía.
ardiendo está tu ausencia o tu latido.
Mucho antes de partir me habré perdido
sin tu mano en mi mano, amiga mía.
Danza con mis paraguas arlequines,
prende mi luz y mírate en mi espejo.
De todo me desprendo y te lo dejo:
la lapicera, el canto, los patines.
prende mi luz y mírate en mi espejo.
De todo me desprendo y te lo dejo:
la lapicera, el canto, los patines.
Te estoy queriendo única y primera
desde mi soledad exagerada.
Siempre estaré de frente en tu mirada
y asistiendo a tu sombra verdadera.
desde mi soledad exagerada.
Siempre estaré de frente en tu mirada
y asistiendo a tu sombra verdadera.
Dame la mano y vamos a algún lado
con los pinceles como pasaporte.
Las dos con una brújula sin norte.
Las dos con un reloj equivocado.
con los pinceles como pasaporte.
Las dos con una brújula sin norte.
Las dos con un reloj equivocado.
Maria Elena Walsh
jueves, 11 de diciembre de 2014
El Tiempo
El tiempo lo conserva todo, pero todo se vuelve descolorido, como en las fotografías antiguas, fijadas en placas metálicas. La luz y el paso del tiempo desgastan los detalles precisos que caracterizan los rostros fotografiados. Hay que mirar la imagen desde distintos ángulos y buscar la luz apropiada para reconocer el rostro de la persona cuyos rasgos han quedado fijados en el espejo ciego de la placa. De la misma manera se desvanecen en el tiempo todos los recuerdos humanos.
Sandor Marai
Sandor Marai
sábado, 29 de noviembre de 2014
A mi amor te lo vas a encontrar en todos lados.
En el color azul medianoche.
En las segundas oportunidades dadas.
En el chocolate blanco y la menta granizada si acaso
ves pedir a alguien esos gustos
en la heladería de la esquina de Pueyrredón y Anchorena.
En la canción I´ll be your mirror.
En un estacionamiento vacío.
Y cuando cortes menta para prepararte un trago.
En los cuzcos paticortos que te cruces por la calle
en los perros medianos y grandes también
te lo vas a encontrar especialmente en los mestizos.
Cuando quieras agarrar con todas tus fuerzas una tarde
especialmente feliz para que no se te vuele
con el viento que se levanta en la noche
moviendo todas las cosas en un mismo sentido.
En la terraza rectangular de tu casa
abajo de la media sombra
en los broches de la ropa tirados
sobre la mesa de listones de madera
y en la fruta amarilla colgada
que nunca supimos si era un limón o un pomelo.
En el sector de luces bajas de una fiesta
cuando alguien te invite una cerveza
mirando tu camisa de vaquera
y no te diga lo que yo te dije
después de haber hecho todo eso.
Lo vas a encontrar sostenido
como un árbol plantado hace dos siglos
con raíces que rompen las baldosas
y crecen para todas partes.
En un repertorio de palabras
que aludan a los minerales.
En el ascensor jaula de un edificio antiguo.
En la gota lenta que baja como suero
y golpea la base de la jarra de café.
En el ruido que hacen dos océanos rotos.
En las sábanas tendidas de colores suaves.
En las luces que se prenden mientras va oscureciendo.
Cuando creas que es cuestión de confianza y de lujuria.
Cuando intentes cortar lentamente
las verduras para preparar una comida.
Silvina Giaganti
miércoles, 12 de noviembre de 2014
Catálogo
Catálogo de errores
Con una pena sin armas.
Así van
los que no pudieron agitar su bandera,
los que no conocen más cielo que el fondo del mar,
los que ganaron un fantasma,
los que se untaron de miedos.
Así voy yo,
sin abrigo, sin agua, sin zapatos,
a contramano de la paz,
del amor,
del éxito, del talento y de la fuerza.
Así vamos todos,
subidos al único carro que tiene ruedas perfectas,
colgados del único viento que puede seguir y seguir
hasta volver a empezar.
Vamos para volver aunque no tengamos regreso.
Vamos con la firme resistencia
que fracasa en cada sílaba.
Vamos con un trébol de cinco hojas,
con una noche de párpados sedientos,
con una mañana de sueños no paridos.
Con un pez arrodillado
que suplica otra laguna.
Sebastián Olaso
Así van
los que no pudieron agitar su bandera,
los que no conocen más cielo que el fondo del mar,
los que ganaron un fantasma,
los que se untaron de miedos.
Así voy yo,
sin abrigo, sin agua, sin zapatos,
a contramano de la paz,
del amor,
del éxito, del talento y de la fuerza.
Así vamos todos,
subidos al único carro que tiene ruedas perfectas,
colgados del único viento que puede seguir y seguir
hasta volver a empezar.
Vamos para volver aunque no tengamos regreso.
Vamos con la firme resistencia
que fracasa en cada sílaba.
Vamos con un trébol de cinco hojas,
con una noche de párpados sedientos,
con una mañana de sueños no paridos.
Con un pez arrodillado
que suplica otra laguna.
Sebastián Olaso
sábado, 1 de noviembre de 2014
Por no estar
Por no estar distraídos
Había la levísima embriaguez de andar juntos, esa alegría, como cuando se siente la garganta un poco seca y se ve que por admiración se estaba con la boca abierta. Respiraban de antemano el aire que estaba delante y tener esa sed era su propia agua. Andaban por calles y calles hablando y riendo, hablaban y reían para dar materia y peso a la levísima embriaguez que era la alegría de su sed. A causa de los coches y de la gente, a veces se tocaban, y a ese contacto -la sed es la gracia, pero las aguas son de una belleza oscura-, y a ese contacto brillaba el brillo de su agua, la boca un poco más seca de admiración. ¡Cómo admiraban estar juntos!
Hasta que todo se transformó en no. Todo se tranformó en no cuando ellos quisieron esa misma alegría suya. Entonces la gran danza de los errores. El ceremonial de las palabras poco acertadas. Él buscaba y no veía, ella no veía que él no había visto, ella que estaba allí, sin embargo. Sin embargo él, que estaba allí. Todo fue un error, y había la gran polvareda de las calles, y cuanto más se equivocaban, más querían con aspereza, sin una sonrisa. Todo sólo porque habían prestado atención, sólo porque no estaban lo bastante distraídos. Sólo porque, de repente, exigentes y duros, quisieron tener lo que ya tenían. Todo porque habían querido darle un nombre; porque quisieron ser, ellos que eran. Aprendieron entonces que, si no se está distraído, el teléfono no suena, y que es necesario salir de casa para que la carta llegue, y que cuando el teléfono finalmente suena, el desierto de la espera ya ha cortado los hilos. Todo, todo por no estar distraídos.
Clarice Lispector
Suscribirse a:
Entradas (Atom)